ARTÍCULO ESPECIAL

 

El retropié entre la ortopedia, la historia y la mitología

 

Claudio A. Fernández,* María Gabriela Miranda*,**

*Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires, Argentina

**Servicio de Ortopedia y Traumatología, Hospital de Niños Sor María Ludovica, La Plata, Buenos Aires, Argentina

 

RESUMEN

El retropié es una región anatómica cuyo interés trasciende lo estrictamente médico y se vincula con la tradición griega antigua y ciertos hitos de la historia de la humanidad. Los relatos célebres de Edipo, Aquiles y la historia del tormento de la crucifixión se analizan, actualizan y reinterpretan en relación con nuestra especialidad médica. En todos ellos, el destino aparece como un principio rector ineludible.

Palabras clave: Retropié; mitología; historia.

Nivel de Evidencia: V

 

The Hindfoot in Orthopedics, History, and Mythology

 

ABSTRACT

The hindfoot is an anatomical region whose significance extends beyond the strictly medical sphere and is linked to ancient Greek tradition and certain milestones in human history. The well-known stories of Oedipus, Achilles, and the history of the ordeal of crucifixion are analyzed, revisited, and reinterpreted from the perspective of our medical specialty. In all of them, fate emerges as an inescapable guiding principle.

Keywords: Hindfoot; mythology; history.

Level of Evidence: V

 

El retropié es la región anatómica ubicada por detrás de la articulación de Chopart integrada por el astrágalo, el calcáneo, la articulación subastragalina, los complejos capsulo-ligamentarios, las inserciones tendinosas, los orígenes de músculos intrínsecos del pie y tejidos blandos circundantes.1 Además del interés médico, esta estructura se vincula con tradiciones de la mitología griega antigua e hitos significativos de la historia de la humanidad.

I. La Pitia del Oráculo de Delfos en Grecia −ónfalo u ombligo del mundo creado por Zeus− había advertido a Layo, rey de Tebas: El hijo que tengas con Yocasta será tu asesino, dormirá en tu cama y derramará tu sangre”. Parricidio seguido de incesto con la madre. Pendía sobre Layo una maldición por haber violado e inducido al suicidio a Crisipo, hijo del rey de Pisa, quebrantando la confraternidad que los unía. Pero, en una noche dionisíaca, Yocasta quedó embarazada. Nacido el niño, refiere Sófocles en Edipo Rey, que Layo ordenó a sus criados colgarlo por los pies en un árbol del Monte Citerón, no sin antes perforarle los tobillos o los talones con una fíbula (clavo, hebilla, broche, pasador, prendedor, alfiler). El edema resultante prefigurará el nombre del niño: Oidema podós o Edipo, el de los pies hinchados y determinará su cojera definitiva.2-5 No obstante, las Parcas decidieron que el niño sobreviviese y fuese adoptado por los reyes de Corinto. En la adolescencia, Edipo duda sobre su origen y decide consultar al oráculo de Delfos. Como respuesta, un eufemismo: “Vuelve a tu origen” (¿Corinto o Tebas?). El joven interpreta que es Tebas y en camino hacia ella, en una ocasional reyerta con unos hombres, mata, sin saberlo, a su padre. En las inmediaciones de la ciudad, en una colina que repechaba un abismo, enfrenta a la Esfinge, adivina su acertijo y, en consecuencia, el monstruo se despeña y muere. Liberado el pueblo y aclamado Edipo como héroe, al cabo de un tiempo es coronado rey, se une en matrimonio con la reina viuda con quien engendra hijos, ignorando que se trata de su madre. La doble predicción estaba cumplida. Sin embargo, ante una serie de desgracias y plagas que se abaten sobre Tebas, Tiresias −el adivino ciego− y el oráculo revelan la verdad. Yocasta se ahorca y Edipo con los broches del vestido de la reina se perfora los ojos para no enfrentar la realidad. Luego expía su culpa hasta morir en algún bosque o en alguna batalla. En los siglos ulteriores, su historia persistiría en la cultura de Occidente, pletórica de interpretaciones para teatro, filosofía, artes plásticas y psicología.2,3,5 Nacerían los Complejos de Edipo y de Yocasta.3,5,6 Homero la menciona en la Ilíada y la Odisea; para Aristóteles es la tragedia griega mejor lograda y su influencia alcanzó a Shakespeare en Hamlet y a Melville en el personaje del capitán Ahab en Moby Dick. En la pintura y en la escultura, las representaciones de los pies de Edipo pueden observarse en The Rescue of the Infant Oedipus (Salvador Rosa 1663, The Royal Academy of Arts, London) y The Infant Oedipus Revived by the Shepherd Phorbas (Denis Antoine Chaudet 1810-1818, Musée du Louvre, Paris).

III. Según diversas versiones, la ninfa marina Tetis gestaría un hijo que superaría en virtuosismo a su padre. En consecuencia, ningún dios quiso desposarla. Como alternativa, contrajo matrimonio con el rey de los mirmidones de Ftía, Peleo. De esa unión nació Aquiles, referido como el Pélida, el de los pies ligeros o de la rubia cabellera. Con el afán de hacerlo invulnerable, su madre lo sumergió en las aguas del río Estigia, frontera entre el mundo de los vivos y el Inframundo. Pero, omitió humedecer sus talones, única región anatómica humana y, por ende, vulnerable. Aquiles recibió del Quirón –el centauro sabio– una excelsa educación de saberes teóricos y competencias para la caza de animales salvajes. Luego compartiría su preparación para la batalla junto a su inseparable amigo y primo Patroclo.3 Iniciada la Guerra de Troya, Aquiles comandó la flota helena y alcanzó la fama de ser el más formidable guerrero de todos los tiempos. Al morir Patroclo a manos de Héctor, Aquiles toma venganza: mata en combate al príncipe teucro y arrastra su cadáver atado a su carruaje frente a las murallas de Troya, ante el estupor de familiares y compatriotas.7 Ultimaría luego a Pentesilea, reina de las amazonas, a Memnón, príncipe etíope, y muchos troyanos.3 Pero, morir joven era el precio impuesto por una vida colmada de pasiones y aventuras. Enamorado perdidamente de Políxena, una de las tantas hijas de los reyes troyanos y hermana, en consecuencia, de Héctor, Paris, Troilo, Casandra, Creúsa, etc., en un alarde de seducción y narcisismo le refiere su historia, incluyendo la labilidad de su talón. La muchacha, que aborrecía profundamente a Aquiles, confía el secreto a Paris quien, al reanudar la lucha en primavera, tensa la cuerda de su arco asistido por Apolo y lanza una flecha envenenada que perfora el talón derecho del Pélida ocasionándole una muerte dolorosa. Las cenizas de Aquiles mezcladas con las de Patroclo se colocaron en una urna de oro enterrada en el promontorio Sigeo cerca de la costa del mar Egeo oriental.3 Siglos después, honra y libación serían ofrecidas por Alejandro Magno luego de atravesar los Dardanelos (Helesponto) en la víspera de la batalla del Gránico.8 La Ilíada finaliza con la devolución del cuerpo de Héctor a su padre, Príamo.7 No está aludida la historia del caballo de Troya, los detalles de la muerte de Aquiles ni la huida de Eneas.

IV. La crucifixión fue un método de suplicio que los romanos adoptaron de Cartago, caracterizada por una agonía prolongada hasta la muerte y una humillación pública. Se aplicaba a esclavos, criminales, extranjeros y rebeldes. No a ciudadanos de Roma, salvo a soldados desertores. Esta forma de ejecución fue empleada por varios pueblos del Mediterráneo: asirios, caldeos, babilonios, persas, fenicios, países árabes y los griegos macedonios de Alejandro Magno. También fue ejecutada en Japón, donde se denominaba haritsuke, especialmente como persecución y castigo de cristianos (período sogunato Edo o Tokugawa, 1603-1867).9 Importa aquí destacar la metodología empleada por los romanos. En la rebelión de los esclavos liderada por Espartaco (73 a. C.), unos 6472 de ellos fueron crucificados en la terraplenada Vía Apia entre Roma y Capua (189 km).9,10 Las cohortes romanas llevaban todo lo necesario en piezas prêt-à-porter cargadas en carruajes, lo que les permitía emplear el método con independencia de las condiciones del suelo. Comenzaban por horadar el terreno para estabilizar el palo vertical o crux. En el madero transversal o patibulum, se fijaban las muñecas del condenado mediante clavos de hierro introducidos en el espacio entre el radio y el cúbito. Ocasionalmente, los miembros superiores podían sujetarse con cuerdas. Luego de izar el cuerpo y asegurar los postes, quedaba constituida la cruz en T o Crux Commissa. El reo era posicionado con flexión de caderas y rodillas y discreta lateralización de los miembros inferiores para facilitar la transfixión conjunta de ambos calcáneos mediante un único clavo penetrante al poste.10,11 Gestos que, aparentemente, menguaban la resistencia del supliciado. La muerte acontecía por fatiga, shock neurogénico o hipovolémico y embolia.12 Previamente al enclavado, el condenado era flagelado con varas de madera o con un látigo corto (flagrum).12 En 1968, una pieza antropológica correspondiente a un hombre de 24-28 años fue hallada en la cueva de Giv’at ha-Mivtar, Ras el-Masaref, Jerusalén. Se corroboró lo descrito ut supra y se objetivó, además, la fractura de los huesos de las piernas, una práctica realizada ex profeso por el verdugo a efecto de precipitar el óbito (crurifragium). El espécimen es un calcáneo derecho y un sustentaculum tali izquierdo atravesados por un clavo, debajo de cuya cabeza se aisló un fragmento de madera de Pistacia o Acacia cuya finalidad era impedir el deslizamiento de los tejidos; en el extremo opuesto, se identificó madera de olivo correspondiente al poste vertical.13 A pesar de la extendida práctica de la crucifixión en la cuenca mediterránea y de las numerosas referencias históricas, religiosas y literarias, esta constituye la primera evidencia antropológica y traumatológica datada en el primer siglo de la era común, previa a la destrucción del Segundo Templo (70 d. C.). La escasez de piezas de estudio se vincularía con la reutilización de materiales para otros fines, un procedimiento habitual que menguó la preservación de muestras arqueológicas.12 Un ulterior análisis osteológico del hallazgo en Giv’at ha-Mivtar determinó que ambos calcáneos fueron atravesados de forma independiente por clavos de hierro de 11,5 cm de longitud con ingreso por las caras laterales del hueso, egreso por las mediales y penetración final en el madero. No está precisado el diámetro. La utilización de tomografía computarizada fue determinante para resolver el dilema que planteaban estos restos de unos 2000 años de antigüedad.14 El segundo caso publicado corresponde a una excavación realizada en la llanura del Río Po, paraje La Larda de Gavello, región del Véneto, Italia, en la cual se halló un esqueleto masculino de unos 30 años. Se constató, en el calcáneo derecho, un orificio de 9 mm que transfixiaba el hueso por debajo del sustentaculum tali; una lesión perimortem altamente sospechosa de crucifixión.12 El tercero y último descubrimiento data del año 2017 y proviene de Fenstanton, Cambridgeshire, Inglaterra. Se trata de un calcáneo derecho traspasado por un clavo de hierro herrumbrado; toda la pieza en óptimo estado de conservación. El esqueleto corresponde al siglo IV d. C. (las legiones romanas permanecieron en las Islas Británicas entre los años 43 a. C. y el 449 d. C.).15 En todos los especímenes referidos, el elemento metálico presentaba una dirección perpendicular al eje anteroposterior del calcáneo. En determinadas poblaciones, los huesos del retropié han sido empleados para la estimación del sexo.16 La crucifixión fue abolida en Roma en el siglo IV d. C. por mandato de Constantino y definitivamente suprimida por Teodosio I. Miles de personas fueron crucificadas en la Antigüedad; sin embargo, una de ellas es considerada, junto con Moisés y Mahoma −figuras centrales de las religiones abrahámicas−, trascendental para la historia de Occidente: Jesús de Nazaret o Yeshu Ha-Notzri, supliciado por orden del prefecto romano Poncio Pilato bajo el poder imperial de Tiberio y muerto en el promontorio del Gólgota, en las afueras de Jerusalén, hacia los años 30-33 d. C.17-19 Según Saramago, una muerte dolorosa y, si es posible infame, siempre es conveniente para un mártir.11 En el amplio y diverso repertorio de las artes plásticas, se observa una notable variabilidad en la representación de la fijación de los pies de Jesucristo, lo cual contrasta con las evidencias antropológicas de reciente hallazgo.

En el Islam, la crucifixión se contempló como una medida excepcional destinada −previo enjuiciamiento− a delitos tipificados como ḥirāba (agresión armada o guerra contra la comunidad creyente) o en actos graves de corrupción, conforme a la sura 5:33.20

 

CONCLUSIONES

Las historias evocadas en este artículo comparten rasgos esenciales: la laceración del retropié, la vigencia en el tiempo, la interpretación resignificada en cada época y el carácter ineluctable y aciago del destino de sus protagonistas. En Tadeo Isidoro Cruz, Jorge Luis Borges expresó: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”.21

 

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ORCID de M. G. Miranda: https://orcid.org/0000-0003-4949-9407

 

Recibido el 4-1-2026. Aceptado luego de la evaluación el 21-4-2026 Dr. CLAUDIO A. FERNÁNDEZ claudioalfredofernandez619@gmail.comhttps://orcid.org/0000-0003-2350-3885

 

Cómo citar este artículo: Fernández CA, Miranda MG. El retropié entre la ortopedia, la historia y la mitología. Rev Asoc Argent Ortop Traumatol 2026;91(3):276-279. https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.3.2291

 

 

Información del artículo

Identificación:  https://doi.org/10.15417/issn.1852-7434.2026.91.3.2291

Fecha de publicación: Junio, 2026

Conflicto de intereses: Los autores no declaran conflictos de intereses.

Copyright: © 2026, Revista de la Asociación Argentina de Ortopedia y Traumatología.

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